La última flecha de Sung Hyun Lee El mito de las invencibles
Las arqueras coreanas vuelven a demostrar en Atenas que la medalla de oro en tiro con arco es un patrimonio exclusivo de su país
JON AGIRIANO/ENVIADO ESPECIAL. ATENAS
El mito de las arqueras coreanas
volvió a engrandecerse ayer en un escenario imponente como es el
viejo estadio Panathinaiko de Atenas, sede de los primeros Juegos de
la era moderna. Allí, escoltadas por las dos estatuas de Hermes,
bajo un sol líquido que parecía derretirse en el mármol de las
gradas, Mi Jin Yun, Sung Jin Lee y Sung Hyun Park se proclamaron
campeonas olímpicas en una nueva demostración del dominio abrumador
que su país ejerce en el tiro con arco femenino. Las coreanas suman
ya seis medallas de oro consecutivas en la prueba individual y cinco
con la de ayer en la modalidad por equipos, que fue incluída en el
programa olímpico en Seúl 1988. Dicho de otro modo: nadie en los
últimos veinte años, ni siquiera las chinas, sus mejores rivales
como demostraron ayer, ha sido capaz de vencer a estas mujeres,
sobre las que ya comienza a flotar una aureola de
invencibilidad.
Así lo entendieron ayer los espectadores
griegos que se dieron cita en buen número en el estadio Panathinaiko
para presenciar la actuación de sus arqueras y disfrutar de los
prodigios de las coreanas, que también contaron con su ración de
seguidores y, desde luego, con una cobertura periodística de primer
orden. La sala de prensa del estadio, improvisada en una caseta
prefabricada, era ayer algo así como el Hogar Coreano de Atenas. El
público griego, siempre tan ardiente, disfrutó de lo lindo en la
eliminatoria matinal de octavos que enfrentó a su equipo con el de
Estados Unidos. Evangelia Psarra, Elpida Romantzi y Fotini Vavatsi
demostraron su buen nivel y vencieron por 230 a 227 al trío formado
por Jennifer Nichols, Stephanie Arnold y Janet Dykman.
El
sorteo, sin embargo, no había sido benigno con el equipo griego. En
el cruce de cuartos les tocaba Corea, que había quedado exenta de la
primera eliminatoria. Las helenas comenzaron con un empuje magnífico
y, por un momento, hubo quien soñó con una gesta homérica.
Lentamente, sin embargo, Mi Jin Yun, Sung Jin Lee y Sung Hyun Park
fueron imponiendo su puntería implacable. Un dato: de las 27 flechas
lanzadas (9 por tiradora) sólo 6 no dieron en ese círculo amarillo
de 12 centímetros de diámetro que es el corazón de la diana. El
resto, tras un vuelo exacto de 70 metros, se clavaron en el 9 o en
el 10. Espectacular sí, aunque no tanto como el increíble récord
mundial en poder de estas chicas. Lo hicieron el pasado mes de junio
en Wyhl (Alemania), donde llegaron a 258 puntos sobre un máximo
posible de 270.
Lo cierto es que hay algo mágico en
la precisión de estas arqueras extraordinarias. Cada uno de sus
tiros era seguido con esa solemnidad que destila la veneración. La
favorita del público no era, curiosamente, la reciente medalla de
oro en la prueba individual, Sung Hyun Park, sino Mi Jin Yun,
aquella niña que, con 17 años y siendo una total desconocida, se
proclamó doble campeona olímpica en Sydney al vencer en la prueba
individual y en la de equipos.
En Atenas, esta joven nacida
en Chunbook no ha rendido a su nivel. Desde luego, no al nivel que
le llevó a imponerse en el Mundial 2003. Así se explica su
sorprendente eliminación en cuartos de final de la prueba individual
ante Shu Chi Yuan, de Taipey. Fue una derrota histórica que el
pasado miércoles provocó una escena casi insólita: un podio de tiro
con arco femenino que no estuviera copado por coreanas. Pero Mi Jin
Yun tiene ese duende que distingue a los campeones. Es algo especial
verle sacar la flecha del carcaj, colocarla en el arco, tensar la
cuerda, apuntar en apenas cuatro segundos y disparar.
-«De
las de ahora es la que más me gusta, aunque mi ídolo siempre ha sido
Kim So Yung»-, dice la arquera española Almudena Gallardo, que ayer
no quiso perderse el concurso por equipos y pasó el día en el
estadio Panathinaiko.
Decimotercera en el concurso
individual, la campeona española admira a las coreanas, pero no cree
que sean invencibles.
-«Son las mejores con diferencia, pero
no nos podemos olvidar que son humanas. Cometen fallos y, si sabes
aprovecharlos, tienes tus opciones. Mira lo que le ocurrió el otro
día a Mi Jin Yun. Era clara favorita, pero la de Taipey supo
presionarle. Llegaron emparadas a las dos últimas flechas y falló.
Hizo 8 y 7, algo rarísimo»-, recuerda la campeona española, que,
cuando la campeona olímpica de Sydney no lo era todavía, llegó a
ganarle en un gran premio disputado en Dinamarca.
El
dominio absoluto de Corea, dicen los entendidos, no tiene ningún
secreto. Ocurre, sencillamente, que en ese país asiático el tiro con
arco es uno de los grandes deportes nacionales y, como consecuencia
de ello, los arqueros que obtienen títulos mundiales y olímpicos son
ídolos en todo el país. Eso por un lado. Por otro está el sistema
educativo, que permite una completísima preparación de los arqueros.
En Corea, los chavales tienen el tiro con arco como actividad
extraescolar y comienzan a practicarlo a partir de los nueve años.
Las primeras lecciones no son muy sugerentes que se diga: a los
niños se les da una goma y se les obliga a tensarla una y otra vez
durante tres meses imitando el gesto de tensar la cuerda del arco.
El aburrimiento hace la primera gran criba, una selección natural
cuyas consecuencias se encarga de explicar Juan Carlos Holgado,
medalla de oro por equipos con España en Barcelona 92 y director del
campo de tiro del viejo estadio Panathinaiko.
-«Imagínate que
empiezan 1.000 chavales. Pues después de tres meses con la goma
quedan 100. ¿Quiénes? Los más constantes, los más concienzudos, los
que tienen más ganas de ser arqueros. Te voy a dar un dato curioso.
En Corea hay muchísimos practicantes del tiro con arco coreano, que
es un arco clásico de bambú y sin visor, con el que disparan a 140
metros. Pero de tiro olímpico tienen unos 2.500. Menos que España,
donde tenemos 3.500 y muchísimos menos que en Francia, donde hay más
de 50.000. La enorme diferencia es que esos 2.500 coreanos quieren
ser campeones olímpicos y se preparan para ello a tope. ¿Que por qué
el dominio de las chicas es muy superior al de los chicos, aunque
éstos también son muy buenos? Pues porque tienen menos competencia y
nadie se prepara como ellas»-, comenta Holgado.
Otra de las
razones que explican la primacía de las coreanas es que no hay otro
país en el que dedicarse a la arquería sea tan rentable. Las grandes
empresas tienen sus equipos profesionales de arqueros, como también
los tienen algunos ayuntamientos. Hay 22 equipos profesionales que
juegan grandes torneos y 250 técnicos que son funcionarios del
Estado. En fin, que lo tienen todo para estar siempre en lo más alto
del podio. Sus rivales se esmeran y ayer mismo, las coreanas
sufrieron como nunca para vencer. Pero todavía hay una frontera que
separa a Corea del resto del mundo.